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domingo, 6 de marzo de 2016
Las 10 claves de la #neurociencia para mejorar el aprendizaje. La neuroeducación
Investigaciones recientes aportan procedimientos que sirven para elaborar propuestas prácticas para mejorar el rendimiento escolar.
En la mayoría de propuestas ofrecidas para mejorar la educación en nuestro país predominan los razonamientos teóricos y filosóficos sobre cómo lograrlo. Aquí pretendemos complementar esas propuestas con un conjunto de sugerencias de carácter práctico para mejorar el rendimiento académico de enseñantes y alumnos a corto y medio plazo. Son procedimientos avalados por la investigación reciente en neurociencia y psicobiología, que pueden tener su versión particular en cada nivel y contexto educativo.
1. Practicar regularmente deportes o actividades físicas
El ejercicio físico aeróbico beneficia las capacidades cerebrales tanto en el niño como en el adulto. Quienes tienen una actividad física semanal más intensa tienen también una mejor memoria y mayor flexibilidad y velocidad de procesamiento de información mental. Incluso 30 únicos minutos de marcha en bicicleta o carrera al día pueden ser suficientes para mejorar el tiempo de reacción y la velocidad de procesamiento de la información en el cerebro.
Ello es posible porque la actividad física genera BDNF, una proteína del cerebro que aumenta la plasticidad o capacidad de las neuronas para formar conexiones entre ellas, el número de las que nacen diariamente y la vascularización y aporte de sangre que reciben. La actividad física, en definitiva, genera una especie de lubricante que facilita el funcionamiento de la maquinaria cerebral para aprender, formar memorias y recordar.
2. Evitar el exceso de grasas en la alimentación
La alimentación adecuada para aprender debe evitar las dietas altas en grasas, pues son dietas que reducen la sensibilidad de los receptores NMDA, que son moléculas del cerebro que forman parte de los mecanismos de plasticidad neuronal que hacen posible la formación de la memoria en lugares como el hipocampo y la corteza cerebral. La experimentación actualmente en curso indica que la restricción calórica en la alimentación favorece la mayoría de procesos mentales.
3. Dormir lo necesario con regularidad
El sueño anticipado prepara al cerebro para aprender y, cuando ocurre tras el aprendizaje, potencia la formación y estabilización de las memorias. Es así porque las mismas neuronas que se activan para registrar la información cuando aprendemos vuelven a activarse cuando dormimos. Suelen hacerlo entonces a mayor velocidad dando preferencia a las que registraron los aprendizajes a los que se atribuyó mayor importancia o valor de futuro. El sueño es, por tanto, una forma cerebral de practicar y fortalecer lo aprendido durante el día.
Para potenciar el aprendizaje precedente no es necesario dormir las 8 horas de una noche, pues puede bastar con una siesta de una o dos horas, aunque períodos más largos suelen ser más beneficiosos. Además de facilitar el aprendizaje y potenciar la memoria, el sueño reorganiza y estructura los contenidos de la mente haciendo posible la integración de la nueva información aprendida en los esquemas de conocimiento ya existentes en el cerebro, facilitando el descubrimiento de reglas y regularidades ocultas en la información recibida, generando inferencias, convirtiendo el conocimiento implícito en explícito e influyendo también muy posiblemente en la intuición y creatividad de las personas.
4. Entrenar frecuentemente la memoria de trabajo
Esta memoria es la que utilizamos para pensar, razonar, planificar el futuro y tomar decisiones. Con ella retenemos en la mente, por ejemplo, las posibles jugadas a realizar en una partida de ajedrez o las diferentes opciones para tomar una decisión. Materias como la filosofía o las matemáticas promueven este tipo de memoria, muy ligada a la inteligencia fluida, que es la capacidad de razonar y resolver problemas nuevos con independencia del conocimiento previamente adquirido. La práctica intensa en memoria de trabajo incrementa la actividad de las cortezas prefrontal y parietal del cerebro de la que depende y aumenta también las conexiones neuronales entre ambos hemisferios cerebrales. La posibilidad de transferir la mejora en la capacidad de ejecución de una determinada tarea de memoria de trabajo a otra tareas diferente no entrenada es mayor cuantos más procesos cerebrales estén comúnmente implicados en ambas.
5. Guiar el aprendizaje con preguntas
Este procedimiento motiva al estudiante, concentra su atención y le convierte en una especie de detective o investigador que busca en cualquier fuente de información posible la solución a los interrogantes que se le plantean. Es además un modo de enseñarle a trabajar y ganar autonomía para aprender, es decir, es también un modo de aumentar la capacidad del alumno para aprender por sí mismo en el futuro.
6. Practicar frecuentemente el recuerdo de lo aprendido
El recuerdo, además de servir para evaluar lo aprendido, sirve también para seguir aprendiendo. El preguntar sobre la información recientemente aprendida beneficia a la memoria a largo plazo promoviendo el reclutamiento de los circuitos neuronales del recuerdo en las subsecuentes oportunidades de estudio. Ayuda también a mantener la atención durante largos periodos evitando las distracciones cuando se estudia leyendo los textos en la pantalla de un ordenador. Tal actividad aumenta la sensación subjetiva que tiene el estudiante de estar aprendiendo y reduce así su ansiedad respecto a evaluaciones posteriores.
7. Un poco de estrés no es malo
En situaciones emocionales o de estrés moderado, la activación de estructuras cerebrales como la amígdala y la liberación en la sangre de hormonas como la adrenalina y los glucocorticoides pueden contribuir a la facilitación del aprendizaje y la memoria actuando directa o indirectamente sobre los circuitos neuronales del cerebro. Los glucocorticoides regulan además la presencia de los mencionados receptores NMDA en el cerebro, y promueven cambios epigenéticos que facilitan en el ADN de las neuronas la expresión de los genes que hacen posible la síntesis de las moléculas necesarias para formar las memorias. Un modo de inducir esa emoción o estrés moderado en los alumnos consiste en proporcionarles antes de nada información motivadora sobre la materia a aprender, algo que conocen sobradamente los buenos docentes.
8. Homenaje a la lectura
De todas las actividades intelectuales potenciadoras de capacidades mentales la más asequible y la que proporciona un mejor balance costo/beneficio es, sin duda, la lectura. Leer es uno de los mejores ejercicios posibles para mantener en forma el cerebro. Es así porque la actividad de leer requiere poner en juego un importante número de procesos mentales, entre los que destacan la percepción, la memoria y el razonamiento. Cuando leemos, activamos preferentemente el hemisferio izquierdo del cerebro, que es el más dotado de capacidades analíticas en la mayoría de las personas, pero son muchas las áreas cerebrales de ambos hemisferios que se activan e intervienen en el proceso. Decodificar las letras, las palabras, las frases y convertirlas en sonidos mentales requiere activar amplias áreas de la neocorteza cerebral.
Las cortezas occipital y temporal se activan para ver y reconocer el valor semántico de las palabras. La corteza frontal motora se activa cuando evocamos mentalmente los sonidos de las palabras que leemos. Los recuerdos que evoca la interpretación de lo leído activan poderosamente el hipocampo y el lóbulo temporal medial del cerebro, que son zonas críticas para la memoria. Las narraciones y los contenidos emocionales del escrito, sean o no de ficción, activan la amígdala y demás áreas emocionales del cerebro. El razonamiento sobre el contenido y la semántica de lo leído activa la corteza prefrontal y la memoria de trabajo. La lectura refuerza también las habilidades sociales y la empatía, además de reducir el nivel de estrés del lector. El libro y la lectura, como gimnasio asequible y barato para la mente, deberían incluirse en la educación desde la más temprana infancia y mantenerse durante toda la vida.
9. Inmersión temprana en más de una lengua
Los individuos que adquieren múltiples lenguas en su infancia y las practican a lo largo de su vida tienen una mayor atención selectiva y más desarrollado el hábito de conmutar contenidos mentales, lo que les facilita la adquisición de aprendizajes complejos, especialmente los que implican cambios en las reglas de ejecución. Aunque pueden tener un vocabulario más reducido en cada lengua, los bilingües son más rápidos y efectivos que los monolingües cuando, por ejemplo, aprenden a clasificar objetos por su color y, de repente, hay que cambiar y clasificarlos por su forma. La mayor capacidad de ejecución y flexibilidad mental de las personas bilingües se manifiesta frecuentemente en la vida, se ha observado en todas las edades, y la conservan además mucho más que los monolingües en la vejez.
Para generar un automatismo como el lingüístico y beneficiarse de él hay que aprenderlo tempranamente y practicarlo con asiduidad y frecuencia. Los maestros, al igual que los padres y cuidadores, tienen un papel importante en esa inducción lingüística múltiple de los primeros años de vida. El estudio y práctica de la música puede tener un efecto similar en la medida en que es también otra forma de lenguaje.
10. Evaluaciones orales
Las exposiciones o los exámenes orales no solo permiten una evaluación muy rigurosa del conocimiento adquirido por los alumnos, sino que, sobre todo, inducen en ellos un tipo de estudio mucho más basado en la comprensión de los materiales y la información que en su simple memorización. Son además métodos que generan una memoria a largo plazo mucho mejor que la que resulta del tipo de estudio consistente en repasar una y otra vez textos o apuntes de una materia.
En general, los ambientes enriquecidos y todas aquellas actividades mentales o intelectuales que suponen esfuerzo y desafío son más útiles para formar buenas memorias que aquellas que se realizan sin apenas esfuerzo. Tampoco deberíamos despreciar recursos tradicionales en diferentes niveles de la enseñanza como la escritura al dictado, el resumir textos o el memorizar información básica. Reglas de ortografía, fechas históricas, países y sus capitales y accidentes geográficos, son ejemplos históricos nada despreciables, pues constituyen valiosos recursos de memoria implícita que se adquieren por repetición y resultan extraordinariamente útiles como apoyo para posteriores evaluaciones mentales y razonamientos complejos.
Es un hecho comprobado que una enseñanza adecuada tiende a igualar el rendimiento de los sujetos que aprenden y evita con ello contrastes acusados y comparaciones entre esos sujetos que no siempre benefician al proceso educativo.
Ignacio Morgado es catedrático de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor de Aprender, recordar y olvidar: Claves cerebrales de la memoria y la educación (Barcelona: Ariel, 2014)
domingo, 31 de enero de 2016
Claves para enseñar a los niños a pensar
Hace sólo unos días salió a los medios un polémico artículo donde se afirmaba que casi el 90% de la población mundial no sabe pensar.
Tal afirmación viene de la mano del doctor y filósofo Robert Swatz. Quien conozca un poco su obra y los centros educativos que gestiona en varios puntos del mundo, sabrá que lo que pretende no es sólo el conseguir que los padres (preocupados), apunten a sus hijos a dichas academias de aprendizaje.
Lo que busca también el célebre filósofo es poner en evidencia un dato cierto a la vez que no exento de cierta polémica. La gran mayoría de personas enfocamos las cosas de un modo muy objetivo y racional, hemos perdido la flexibilidad y la capacidad de pensar de un modo más crítico, más creativo.
Es posible que debido a ese enfoque de pensamiento más “vertical que lateral“, es decir, de razonar de una forma más lineal, clasificada y más bien rígida, perdemos esa espontaneidad que nos permitiría, por ejemplo, gestionar mucho mejor el estrés cotidiano, o esos problemas tan habituales en el día a día.
¿Qué tal si empezamos a poner en práctica estos sencillos consejos para “enseñar a pensar a los niños”?No hace mucho te hablamos en nuestro espacio de la pedagogía de María Montessori. Sin lugar a dudas podríamos utilizar muchas de sus bases para fomentar en los niños un pensamiento más libre y más creativo. No obstante, al igual que la escuela es importante en la educación de nuestros hijos, también lo es el papel de las madres, de los padres, de los abuelos…
1. El niño es único e importante
Un error que se ve a día de hoy en nuestra educación escolar, es que se tiende a “construir” niños iguales, con una misma mentalidad y unos mismos aprendizajes. Al final tenemos mentes “en serie” y niños que piensan de la misma manera.
Debemos fomentar al niño la idea de que él es único, especial e importante. Es una persona capaz de ofrecer muchas cosas, así que no importa si llega a casa con ese suspenso en ciencia o en matemáticas.
En él, existe sin duda un potencial que debe aprender a explorar desde muy pequeño, y para ello, como padres, hemos de darles confianza y apoyo desde muy pequeños. Si ante cada palabra, idea o razonamiento ellos se sienten apoyados y valorados, se sentirán seguros para seguir avanzando.
2. Educar en emociones
Para enseñar a pensar, es primordial que los niños entiendan lo antes posible cómo funciona elmundo de las emociones. Desarrollar la empatía, por ejemplo es una clave esencial en su desarrollo como “persona social”.
Un pensamiento que entiende qué es la tristeza y cómo se gestiona, que sabe identificar la rabia interior y que aprende a canalizarla, es un pensamiento sabio porque sabe entenderse a sí mismo, a la vez que a los demás.
La educación de los niños no empieza a los 3 o 4 años cuando inicia su vida escolar. La educación, al igual que enseñar a pensar, empieza desde el mismo momento en que vienen al mundo.
Un niño que siente las caricias, que se siente querido desde el primer día, asienta en su cerebro un tipo de aprendizaje emocional y social que es básico para el día de mañana.
3. La importancia de saber reflexionar y de atender los propios pensamientos
El aprender a estar solos con ellos mismos, es otro pilar de ese pensamiento maduro y equilibrado que no necesita de segundas personas para tomar decisiones o para saber lo que uno desea en cada momento.
Fomenta el que los niños sepan ser reflexivos, a que antes de hablar o hacer algo, lo mediten pensando en las consecuencias. A su vez, es básico que fomentes su independencia y su madurez,evita ante todo los apegos poco saludables y la sobreprotección.
Un niño que sabe estar solo y que no siente ansiedad por ello, es un niño más seguro.
Ofrécele libros aunque aún no se haya iniciado en el proceso lectoescritor. Haz que los toquen, que los manipulen y que se fijen en los dibujos como amigos cercanos que más tarde, cuando ya sepan leer, le permitirán llegar a mundos increíbles donde aprender, y reflexionar.
4. Fomenta su creatividad
Impide que a medida que crezcan “pierdan ese niño interior“. Para ello es interesante que fomentes siempre su curiosidad aportándole retos, estímulos, proyectos que iniciar, temas que investigar y en los cuales, aprender a la vez que divertirse.
Un niño creativo es un adulto más libre el día de mañana. Desarrolla sus capacidades imaginativas, su hambre por aprender, y esa curiosidad que jamás deben perder por todo lo que les rodea.
5. Sí al sentido crítico
No te obsesiones en conseguir que tus niños sean como “tú quieras que sean”. Cada uno de ellos, al igual que nosotros mismos, disponen de una personalidad propia que hay que respetar en todo momento.
Permite que tenga sus ideas y sus opiniones, y que sepa argumentarlas. Y aún más, no dejes que el niño se quede solo con una visión de las cosas. Si en el colegio están estudiando un tema en concreto, anímalo a que sea crítico, a que busque otras opiniones, otros enfoques.
Desarrolla el que tenga “voz y voto”, el que tenga opiniones propias sobre todo y que su forma de pensar sea crítica y flexible, no una mente “normalizada” que se deja llevar antes que defenderse.
Cortesía imágenes: Lita burke, Katy hare
La mente es maravillosa
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